
Equilibrio espiritual y mental
Por Robert Posada Rosero
Llegue con incredulidad a una casa de estrato medio en el barrio el Jazmín de Tuluá, ya que desde hace mucho tiempo deje de creer en las religiones y en todo lo que tenga que ver con Dios y su desastrosa realización en la tierra.
Pensé que encontraría una mujer madura que me atendería en uno de esos sitios lúgubres llenos de velas y elementos esotéricos para deslumbrar a los incautos que van en busca de la verdad revelada.
Pero no fue así, una menuda joven de tan sólo 30 años de edad y aspecto fresco me saludó e invitó a seguir a una cómoda y moderna sala en la que se veían muy bien puestos unos cojines que hacían juego con las poltronas. En las paredes sobresalían la presencia de unos pocos ángeles; un cuadro de una virgen en bronce vigilante sobre una mesa ubicada a un costado de la sala y una gran biblia al otro extremo, sobre un atril, me dieron la bienvenida.
Sin preámbulos, Paola Rojas, se presentó como terapeuta de Aura-Soma, cuyo papel es realizar terapia auto selectiva no intrusiva de color, que traducido al español quiere decir que la persona escoge la botella por decisión propia y no requiere de introducir ningún objeto sobre el cuerpo; algo que me dio tranquilidad. “No trajajo el esoterismo, ni la brujería y no me gusta que me llamen así”, dijo.
En su acento se notan los sólo dos meses que lleva viviendo en la ciudad, ya que aunque no es muy marcado, en ocasiones deja entrever la dicción propia de la gente de Medellín.
Hace siete años, a raíz de unas premoniciones que empezó a sentir se interesó en el tema de los ángeles, y desde hace tres encontró que el asunto está directamente relacionado con el manejo de lo emocional por medio del color.
Para convertirse en terapeuta debió viajar tres veces a Venezuela, ya que además de ese país sólo en México y Argentina, en Latinoamérica, hay personas autorizadas para enseñar terapia del color. Debió concluir los tres niveles de estudio de las Artes y Ciencias Internacionales de la Tecnología del Color.
Me llevó a un pequeño consultorio bien iluminado y adornado también por ángeles. Allí en una cómoda de madera, muy bien dispuestos, estaban las botellas de Equilibrium: 107 botellas numeradas del 0 al 106, que combinan las vibraciones del agua, aceites naturales, el color, las flores y los aromas; método descubierto por la botánica Vicky Wall, hace más de 20 años en Inglaterra.
Seguía sin entender muy bien de que se trataba. Me explicó que el uso más claro de esta terapia es manejar lo emocional y metal para encontrar la espiritualidad sin ser religioso. En ese momento me perdí del todo, pues no entendía como se podía creer en ángeles si caer en el juego del mercado de la fe.
Su respuesta fue contundente: todas las religiones aceptan la existencia de energías o ángeles, “el Aura-Soma llega en un momento en que hay que tomar determinaciones, pero para ello debo convencerme de que el cambio viene desde mi interior”. Aclarando eso sí que la terapia no cura enfermedades sino que es una ayuda para aceptar emocionalmente las cosas y lograr el equilibrio.
“Estas aquí porque Vicky te trajo”, dijo señalando el cuadro de la botánica que está en la misma cómoda de las botellas y que parece que te mira de forma casi escrutadora, explicando que lo sabe por la combinación de color de la primer botella, de cuatro que escogí de forma voluntaria, y que coincidía con los colores de la inventora de la terapia.
Es curioso, pero lo primero que me dijo es que estaba en un proceso de rompimiento emocional, y lo que es peor, no se equivocó, tanto así que en ese momento mi principal preocupación era, y aún hoy lo sigue siendo, ese asunto. Aunque lo que me había llevado a ella era la realización de esta nota.
Me indicó que ese proceso contaría con el acompañamiento del arcángel San Gabriel y cuatro ángeles más que estarían dispuestos a abrirme el camino para que encontrara la paz interior. Aunque le insistí que era agnóstico.
En la lectura de los ángeles, luego de un corto proceso de relajación, me habló de los apegos emocionales del pasado que me seguían afectando y de mis miedos en lo profesional, obstáculos que impiden que disfrute los éxitos alcanzados. La lectura de cada una de las cuatro botellas me mostró realidades que ya conocía pero que debía potencializar.
Cada una de las cartas de la baraja de ángeles destapó un aspecto puntual de mi vida, que aún hoy al escribir me sorprende, porque debo reconocer me causan algún tipo de afectación. Así mismo habló con soltura y mucho acierto de asuntos familiares.
No sé si al terminar la terapia salí de allí creyendo en ángeles y el poder de las vibraciones y el color para encontrar el equilibrio emocional, pues es difícil romper nuestro propio escepticismo.
Las terapias obviamente tienen un costo: consulta de ángeles $ 30.000, 1 hora; terapia con pluma de color $ 45.000, 1 hora; y la consulta de Aura-Soma $ 170. 000, de 2 a 2 ½ horas, incluye la botella que la persona se lleva a la casa y los demás productos que se usan durante la consulta. Como terapeuta aclaró, “no se busca la dependencia, sino a uno mismo. Encontrar la paz”.
Lo que sí puedo decir sin temor a equivocarme es que Paola fue como mi Ángel ese día. Terminada la consulta me invitó un agua aromática y estuvimos conversando en esa misma sala que me recibió, durante tres horas, liberando y desenmarañando recuerdos para disfrutar de una tranquilidad que necesitaba.



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